Presentación, “Que entendemos por entender la poesía”

Presentaciones

El viernes 9 de febrero a las 19:30h en Vitoria, Casa de la Cultura Ignacio Aldecoa (Paseo de la Florida), se presenta el poemario de María Jesús Silva, “Números inexactos” y el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” de Alberto Cubero. Presenta Ángela Serna. Se establecerá un diálogo entre ambos autores.

 

La imagen puede contener: texto

Presentación en el Centro de Arte Moderno

Presentaciones

Queridas amigas, queridos amigos.

Como ya apuntó Tales de Mileto, si uno no se suena bien la nariz, esto puede generar problemas en el tránsito intestinal. Como, posteriormente, vino a rubricar Sócrates, con aquellos estreñimientos atroces que sufría. De todo esto se reía a base de bien Enrique Vila-Matas en “Doctor Pasavento”, solo que lo hacía a costa de Robert Walser, que también se las traía con el “tránsito”.

Particularmente, seguí al pie de la letra la preocupación de Tales, y me soné bien la nariz al escribir el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía”, texto que ha recibido los máximos halagos por parte de la jet set poética, de tal manera que, ante tal aluvión, los libreros han decidido colocarlo no una, sino varias veces a lo largo y ancho de sus estantes. Tan bien funciona mi “tránsito” que junto al buen amigo y gran escultor Leandro Alonso -que, por cierto, tiene un aire, pero bien fuerte a Sócrates-, le dimos a los tránsitos. Los interiores, los que nos atraviesan, y los exteriores, por los que fluimos desnortados, jugándonos no sé qué.

El próximo miércoles, día 15 de noviembre, a las 20 h, en el Centro de Arte Moderno, sito en la calle Galileo, 52 -una preciosa librería, por cierto- Ana Belén Martín Vázquez, poeta, funambulista, exploradora de lo invisible, presentará al maestro Sócrates y a un servidor. Hablaremos sobre el poemario “Tránsitos” (editorial Evohé, febrero 2017) y sobre el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (editorial Escolar y Mayo, marzo 2017). Será un tiempo y un espacio estupendos para encontrarnos, en algunos casos re-encontrarnos, compartirnos, incluso romper alguna que otra absurda norma. Ya afirmaron Faemino y Cansando al comienzo del 2017: propósito para este año: dejar el inglés y aprender a fumar.

Repartiremos clínex, bifidus activos, versos, reflexiones, abrazos.

Como la jet set poetic me ha dicho que sí, que más, que qué bien ese ensayito, como no para el chorro de comentarios, observaciones, palmaditas en el hombro, pues eso, que he cogido el pañuelo y dale que te pego. De modo y manera que prometo otro ensayo, que ya va avanzando a golpe de nariz.

Y ya sabéis, como dijo Spinoza: “Más vale corazón en mano que mil libros abiertos”.

Será un placer abrazaros, besaros, un derroche emocional.

Feliz tránsito y abrazos fuertes.

QUÉ ENTENDEMOS POR ENTENDER LA POESÍA EN “TENDENCIAS 21”

Reseñas

Un espacio de libertad: “Qué entendemos por entender la poesía”, de Alberto Cubero

Ensayo publicado por la editorial Escolar y Mayo sobre el papel de este género, a menudo socialmente denostado

“En el lenguaje poético no se da comunicación, sino revelación”, escribe el poeta Alberto Cubero, en su ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (Escolar y Mayo, 2017). En esta obra, Cubero defiende la importancia de la poesía en el cuestionamiento de la realidad, como puente entre lo individual y lo colectivo, y como espacio de libertad. Por Carlos Javier González Serrano.

Seguir leyendo en Tendencias 21

 

Qué entendemos por entender la poesía

Reseñas

Son muchas las personas que no se acercan a la lectura poética. Puede que tú mismo seas uno de ellos. Hace unos años yo tampoco lo hacía. Ni mucho menos a la contemporánea. Pero después de cinco años en un grupo de escritura creativa, leyendo toda clase de textos, he podido comprobar gratamente que es una lectura que enriquece el alma. Puede que más que alguna buena novela. Aunque ambas no son excluyentes entre sí. Ni mucho menos. Mucha gente me dice cuando lee alguno de mis textos, que no lo entiende, si supieran que muchas veces ni yo misma lo entiendo…

Pero, ¿por qué la necesidad de “entenderlo” todo? Hay una escritura más allá de la comunicativa. Que no pretende contarte una historia. Hay lecturas que tan solo te ofrecen infinidad de posibilidades…”tan solo”.

Cuando uno oye hablar de “poesía”, por lo general, suele dar marcha atrás. Muchos piensan en aquello que estudiaron en la escuela, en los textos que tuvieron que memorizar… etc. Y otros directamente dicen que no les gusta porque no la entienden.

A lo largo de los años que llevo cerca de este mundo (por llamarlo de alguna manera, pues no es otro diferente que en el que todos vivimos), he aprendido que existen muchos tipos de poesía. Y que no todos hay que entenderlos. A  muchos poetas que preguntéis qué querían decir en sus poemas, os dirán que no tenían ni idea.  Pues a veces solo es necesario sentir, más allá de comprender. Pueden leerlo cien personas diferentes y todas y cada una de ellas pueden percibir algo completamente opuesto. Y no por ello unos acierten y otros se equivoquen. Todas la opciones son válidas. Pues su percepción depende de factores tan diversos como personas hay en el mundo. Incluso tal vez una misma persona lea un mismo texto en momentos diferentes y lo reciba de manera muy contraria. Dependiendo de su propio estado de ánimo, situación personal en ese momento y muchos otros factores. El objetivo de ese autor, no siempre será transmitir un mensaje. Éste terminó su trabajo una vez dejó quieta la pluma/el teclado, una vez expone su obra, ésta deja de ser suya para convertirse en la de cada uno de aquellos que la observen. Y así, de un mismo poema (o cualquier otra expresión artística) nacerán tantas obras como impresiones reciba.

Así nos lo transmite, por ejemplo, Alberto Cubero, a través de sus obras, y ahora también en su ensayo “Qué entendemos por entender la poesía”.

 

IMG_20170803_190059[163]
Qué entendemos por entender la poesía, Alberto Cubero, 2017 (Edit. Escolar y Mayo)

En él nos acerca a comprender mejor el mundo poético y todo lo que le concierne. De una forma clara y cercana nos demuestra que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pues no es el clásico ensayo de cientos de páginas en el cual hay que estar consultando el diccionario constantemente para lograr comprender cada frase. En este libro de poco más de 80 páginas, con prólogo del poeta Antonio Méndez Rubio, Cubero nos expone una visión nunca antes leída sobre la poesía. Algo tan necesario como salir del encorsetamiento al que estamos tan acostumbrados. Habiéndose publicado hace apenas unos meses ya tiene númerosas críticas, y muy buenas.

Como lectora, nunca antes había abordado la lectura de ensayo, y reconozco que cuando enganché este libro no lo podía dejar. Los que conocemos personalmente a Alberto sabíamos de sus ideas a este respecto, pero poder leerlo con grandes referencias a libros más que recomendables como apoyo a su discurso, es un verdadero placer. Sé de buena tinta que personas que nunca habían abierto un poemario en su vida, a raiz de leer Qué entendemos por entender la poesía han ido directos a por uno. Tal vez porque han descubierto que la lectura no solo puede ofrecer entretenimiento, o información concreta, sino que también hace una gran labor, no solo social, también respecto al autoconocimiento. Ahondar en nosotros mismos no siempre es apetecible. A veces, la poesía funciona como método de revelación, y para eso no siempre estamos  preparados.

Hay estudios que demuestran que leer poesía es más efectiva que los libros de autoayuda. De hecho, el propio Cubero imparte, además de talleres de Escritura Creativa, talleres de escritura terapéutica y está más que versado en la relación de poesía y psicoanálisis habiendo presentado varios encuentros entre distintos poetas y psicólogos donde la charla en torno a la palabra poética y la mente humana no tenía desperdicio.

Esto no quiere decir que os tenga que gustar, tampoco significa que no tenga que hacerlo. Como gran defensora del respeto al prójimo y a uno mismo, entiendo que cada cual decida libremente sus gustos, así como nadie pueda tampoco cuestionar los propios; mas, de todo corazón, os invito a que hoy, mañana, quizá dentro de unas semanas, en un rato de aburrimiento, o de pura curiosidad; buceéis por este maravilloso mundo, al que todos pertenecemos.

Ver artículo original

Presentación, “Qué entendemos por entender la poesía” con Fernando Nombela

Presentaciones

Miércoles 14 de junio se presentó en el Centro de Arte de Alcobendas el Ensayo de Alberto Cubero: Qué entendemos por entender la poesía. La presentación corrió a cargo del poeta, Fernando Nombela.

Leandro Alonso.- “Ambos, y al final los asistentes, debatieron sobre algunas de las cuestiones que se plantean en el libro. Creo que llegamos a la conclusión de que es un libro fundamental para poetas, artistas y humanos sensibles”.

 

Fotos de Leandro Alonso

 

Qué entendemos por entender la poesía

Reseñas

CubiertaCarlos Javier González Serrano.- La poesía resulta indisociable de la actividad poética. Al contrario de lo que sucede con otros afanes humanos, en los que la teoría se escinde o puede escindirse de la práctica de muy diversas –y en ocasiones malversadoras– maneras (véase, por ejemplo, la política), en la poesía se da un extraño y original encuentro entre el creador –el poeta– y su creación. Este movimiento de ida y vuelta, en el que quien escribe abre un horizonte nuevo de sentido, es impracticable sin que medie entre ambos un limes por superar. Ya nos puso Hölderlin sobre la pista cuando definía la figura del poeta como aquel que, situado frente al Absoluto, es capaz de abordar la distancia que separa las orillas de lo finito y de lo infinito. La poesía es, pues, el lugar donde mora, donde se siente y se hace sentir el límite.

Es así como, en palabras de Derrida, “no hay poema que no se abra como una herida”, como un espacio que, lejos de tener que ser llenado, ha de ser conservado y alimentado. La poesía puja por preservar tales recovecos que el poema dona. Por eso, como apunta Alberto Cubero en los primeros compases de Qué entendemos por entender la poesía, “en el lenguaje poético no se da comunicación, sino revelación”, y facilita, asimismo, la aparición del contexto donde se produce “el encuentro del ser humano con el misterio de su existencia, de la existencia”.

La obra de Cubero resulta interesante por varias razones. En primer lugar, porque restituye la poesía como promontorio desde el que cuestionar la realidad. Un cuestionamiento que no tiene que ver con anquilosados métodos filosóficos o con farragosas técnicas lógicas, sino más bien con un destino, con una sensibilidad que se patentiza en un hacer muy determinado: la creación poética y la lectura de poesía. Como él mismo sugiere, “la poesía propone al lector un crecimiento a nivel reflexivo, una indagación del sujeto en su interior”. La poesía endereza el timón del alma y crea individuos con “criterio y corazón”, individuos “no manipulables”.

He aquí el nudo gordiano de la tesis defendida por Cubero: la poesía es, ante todo, un quehacer relacionado con lo político, con lo común, con el escenario donde tienen lugar los asuntos humanos. Algo que, a su juicio, resulta “intolerable para los poderes hegemónicos de las sociedades democráticas actuales, que sin embargo deberían favorecer el crecimiento integral de sus ciudadanos”. Y concluye con una constatación: “Es muy triste ver cómo, aún hoy en día, la poesía es denostada en los planes de estudio y en la oferta cultural institucional”.

Como puente entre lo individual y lo social, la poesía, en su faceta política, insta a crear senderos por los que deambular críticamente, invitando a habitar el mundo de forma que ninguna autoridad pueda superar el tribunal del sí mismo. La poesía evita, sostiene Cubero, que seamos sometidos “a un grado de tensión y preocupación” tal que no nos permita disponer del “espacio reflexivo y emocional necesario para crecer como seres humanos”. La poesía, como integradora del corpus artístico, permite que nos mostremos “desnudos”, en un proceso que autentifica y saca a relucir nuestras más hondas potencias en su grado más puro: es decir, en libertad.

Una libertad a la que se teme y a la que nos empujan a temer, como si de un fantasma aterrador se tratara. La poesía, lejos de amansar espíritus, los revuelve, enturbia y cuestiona, apartándonos del estado vegetativo en que nos sitúa la sociedad tecnocapitalista. Es ella la que invierte la pereza intelectual y nos impele a actuar por la obtención de un mundo mejor, más sincero, más comprometido, más poético: esto es, más creador. Y es que, escribe Cubero, uno de los objetivos fundamentales del poder es el de “acabar con la singularidad del ser humano, que sea disuelto en una masa que reproduzca al unísono los mismos enunciados, los mismos dogmas y prejuicios, las mismas palabras vacías de contenido”. Por ello se esquilman tan desaforadamente los planes de estudio de las Humanidades y las Artes, con la intención –señala un tajante Cubero– de “crear analfabetos emocionales e intelectuales” y debilitar todo “lo que contribuya a expandir la capacidad de los individuos para conmoverse, para encontrarse con lo más auténtico de ellos mismos, para reinventarse y reinventar su visión del mundo, todo lo que potencie la vertiente reflexiva y crítica de la persona”. El objetivo, a juicio del autor, no es otro que el de eliminar el saber y su origen, hasta quedar todos ciegos, desorientados, inermes.

La obra de Cubero alberga el inapreciable mérito de devolver a la poesía su faceta social. Estamos tan tristemente acostumbrados en las sociedades occidentales a delegar la fuerza decisoria del pueblo –la soberanía nacional, concepto en otro tiempo tan fundamental– en los partidos políticos de turno que la noción de participación social en lo político se nos antoja lejana y, de hecho, no hay quien duda en denunciarla como una suerte de irrupción violenta en contra del denominado sistema “democrático”, tantas veces invocado y ya acaso desgastado o caducado. Muy al contrario de lo que suele pensarse, el Romanticismo –movimiento de franca raigambre poética– siempre estuvo fuertemente comprometido con el aspecto social de la realidad. Lamartine escribía, por ejemplo, en sus Recueillements: “Luego mi corazón, insensible a sus propias miserias, / se extendió más tarde hasta los dolores de mis hermanos”. Las revoluciones trabajadoras de 1830 y 1848 agitaron con fuerza toda Europa, y los grandes estandartes de la cultura alemana, pero sobre todo los de la francesa, no dudaron en dar pábulo a las justificadas esperanzas despertadas por una nueva conciencia de grupo que se mostraba por entonces floreciente y repleta de fulgor: frente al patrón o socio capitalista nacía la figura del asalariado.

Una nueva enfermedad nos brindan los tiempos actuales, en opinión de Cubero: la del capitalismo salvaje: “a más objetos, menos relación entre los sujetos. Tanto la necesidad de objetos como la conexión que se establece con ellos se torna más peligrosa cuanto más asociada está a la sensación de poder, al goce perverso de dominación sobre los otros, a la posibilidad de tener al otro sometido”, denuncia el autor.

La libertad debe mostrarse no sólo en el arte, sino también y sobre todo en la sociedad, allí donde el verbo fundamental es el de compartir, el de con-vivir. Víctor Hugo se ganó el respeto del pueblo francés y lo consideraron como a uno de los suyos. Unos luchaban en las calles; otros, en la soledad de su cuarto, lanzaban como puñales obras que desacreditaban públicamente los desvaríos de la corona y las injusticias sufridas por gran parte de la sociedad. Un punto que Víctor Hugo comparte con el Dostoievski de Pobres gentes y con el Tolstoi más maduro, el de las Confesiones.

“La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes”, escribía Gamoneda, a quien Cubero cita al final de su libro, que se cierra con una abierta y sincera invitación a leer poesía, casi una arenga: “No tenga miedo. Sea valiente. […] La cobardía sale cara, siempre. El poema es uno de los caminos más interesantes y hermosos para abordar el conocimiento de uno mismo. Del mundo. Para que aflore lo no sabido. El misterio. Lo siniestro. Para que se dé una aproximación, en mayor o menor medida, a una verdad”.

Qué entendemos por entender la poesía encierra un coraje desbordado en lo general (por qué recuperar la poesía como objeto teórico) y en lo particular (la poesía como instrumento originariamente político), sin olvidar aspectos más filosóficos, complejos, filológicos, hermenéuticos y polémicos. Una concentrada obra que invita a trazar una genealogía de la poesía pero que, lejos de quedarse en los estrechos pasillos de la abstracción, desciende a los infiernos humanos y empuja a tomar la actividad poética como una cima desde la que ensayar un nuevo tipo de biografía: la vida poética en libertad.

Carlos Javier González Serrano

REVISTA SISTOLÁ , REVISTA DE CULTURA

Presentación “Qué entendemos por entender la poesía”

Presentaciones
17458209_1050825248357255_8975977198637836006_n

Editorial Escolar y Mayo

El próximo miércoles, 14 de junio, a las 19 h, en el Centro de Arte de Alcobendas, en la sala panorámica, presentaremos el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (Alberto Cubero, prólogo de Antonio Méndez Rubio, editorial Escolar y Mayo, marzo de 2017).

La presentación correrá a cargo del amigo y más que interesante poeta Fernando Nombela. Ciertamente, merece la pena escuchar la palabra de Fernando.

Nos encantará compartir esos momentos con todos vosotros. Ojalá nos encontremos allí.

Salud, poesía.