INTENSIVO DE CREACIÓN POÉTICA

Talleres

Se pretende que el taller se estructure en un espacio y un tiempo donde las alumnas y los alumnos potencien su capacidad de creación, de indagación en el lenguaje, de experimentar qué arrastra la palabra poética.

Se propondrán varias líneas de trabajo, que confluirán en un proceso de introspección del sujeto y del lenguaje que lo atraviesa. Batería de ejercicios de diversa índole, lectura y análisis de los escritos de los alumnos, análisis de poemas de diferentes autores, lectura de textos de pensamiento crítico que han alimentado el campo de la poesía.

Aspectos tan relevantes para la escritura poética como la torsión del lenguaje, la significancia, sentido vs significado, la estructura del poema como generador de significaciones, el proceso automático de escritura, entre otros, serán trabajados a fondo en el taller.

LUGAR y FECHAS:

– Se impartirán en un espacio habilitado en la Librería HG de Collado Mediano

– Sábados 23 y 30 de junio de 10 a 15 horas.

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Presentación, “Que entendemos por entender la poesía”

Presentaciones

El viernes 9 de febrero a las 19:30h en Vitoria, Casa de la Cultura Ignacio Aldecoa (Paseo de la Florida), se presenta el poemario de María Jesús Silva, “Números inexactos” y el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” de Alberto Cubero. Presenta Ángela Serna. Se establecerá un diálogo entre ambos autores.

 

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Presentación en el Centro de Arte Moderno

Presentaciones

Queridas amigas, queridos amigos.

Como ya apuntó Tales de Mileto, si uno no se suena bien la nariz, esto puede generar problemas en el tránsito intestinal. Como, posteriormente, vino a rubricar Sócrates, con aquellos estreñimientos atroces que sufría. De todo esto se reía a base de bien Enrique Vila-Matas en “Doctor Pasavento”, solo que lo hacía a costa de Robert Walser, que también se las traía con el “tránsito”.

Particularmente, seguí al pie de la letra la preocupación de Tales, y me soné bien la nariz al escribir el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía”, texto que ha recibido los máximos halagos por parte de la jet set poética, de tal manera que, ante tal aluvión, los libreros han decidido colocarlo no una, sino varias veces a lo largo y ancho de sus estantes. Tan bien funciona mi “tránsito” que junto al buen amigo y gran escultor Leandro Alonso -que, por cierto, tiene un aire, pero bien fuerte a Sócrates-, le dimos a los tránsitos. Los interiores, los que nos atraviesan, y los exteriores, por los que fluimos desnortados, jugándonos no sé qué.

El próximo miércoles, día 15 de noviembre, a las 20 h, en el Centro de Arte Moderno, sito en la calle Galileo, 52 -una preciosa librería, por cierto- Ana Belén Martín Vázquez, poeta, funambulista, exploradora de lo invisible, presentará al maestro Sócrates y a un servidor. Hablaremos sobre el poemario “Tránsitos” (editorial Evohé, febrero 2017) y sobre el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (editorial Escolar y Mayo, marzo 2017). Será un tiempo y un espacio estupendos para encontrarnos, en algunos casos re-encontrarnos, compartirnos, incluso romper alguna que otra absurda norma. Ya afirmaron Faemino y Cansando al comienzo del 2017: propósito para este año: dejar el inglés y aprender a fumar.

Repartiremos clínex, bifidus activos, versos, reflexiones, abrazos.

Como la jet set poetic me ha dicho que sí, que más, que qué bien ese ensayito, como no para el chorro de comentarios, observaciones, palmaditas en el hombro, pues eso, que he cogido el pañuelo y dale que te pego. De modo y manera que prometo otro ensayo, que ya va avanzando a golpe de nariz.

Y ya sabéis, como dijo Spinoza: “Más vale corazón en mano que mil libros abiertos”.

Será un placer abrazaros, besaros, un derroche emocional.

Feliz tránsito y abrazos fuertes.

EL RESPIRAR Y EL AGUJERO de JOSÉ LUIS DE LA FUENTE (por Alberto Cubero)

Reseñas

El respirar y el agujero , José Luis de la Fuente. 

El sastre de Apollinaire, 2017

Artículo publicado en La Galla Ciencia. Ver aquí

 

Trabajar el lenguaje desde un lugar previo al lenguaje. No tomarlo como un corpus establecido en el que llevar a cabo, con más o menos fortuna, ciertas maniobras retóricas. Recoger la palabra poética desde un estrato anterior a todo verbo. Esta es la propuesta que nos hace José Luis de la Fuente en su más que interesante poemario.

Quizás algunos se extrañen: trabajar el lenguaje desde un lugar previo al lenguaje. Y está bien que experimenten ese extrañamiento pues, acaso, les lleve a una reflexión respecto a un posicionamiento diferente al que hayan podido tener, hasta el momento, frente a la escritura poética. Quiero decir con ello que en “El respirar y el agujero” la palabra no es preconcebida, estandarizada, incluso maniatada, me atrevería a decir, sino que adviene en el poeta remontando desde allá donde reside lo desconocido. No se trata de que el poeta vaya en busca de, sino que se sienta atravesado por el lenguaje. En este sentido, la poesía de De la Fuente es una poesía del inconsciente que, como ya nos enseñara Lacan, está estructurado como un lenguaje. ¿Pero qué lenguaje es ese? ¿El que utilizamos habitualmente para intentar comunicarnos? ¿El que utilizamos para decir eso es?

En absoluto. Se trata de un lenguaje radicalmente otro. El que fluye adherido a lo siniestro. O mejor dicho, lo siniestro emerge adherido a la palabra. A aquello que, como decía Schelling, debiendo permanecer secreto, oculto, acaba por manifestarse. El Unheimlich freudiano que tan cercano está, por cierto, de lo familiar, de lo más próximo, de loheimlich, como sucedía en “La carta robada”, de Poe.

Quizás seas la sombra

de un animal inconsciente

el apetito de algo que se esconde

O este otro estupendo poema:

Caminar por los hilos subterráneos de la boca. Tu levedad se multiplica en un delirio de sombras. No es fácil atravesar la incertidumbre que forjaron los significados, su barro lo cubre todo. En el exterior, otro alguien te habita. Exagerada fractura del yo: orificio desubicado donde el paisaje se adentra.

Sí, la incertidumbre que forjaron los significados, esos significados que tantas veces no significan -quiero decir que no significan algo en concreto-, sino que se constituyen en un elenco, una multiplicidad de posibles significaciones (significancia: Kristeva, Lacan). Sí, ese otro que nos habita en el exterior de la conciencia, pues somos tan –o más- sujetos del inconsciente que sujetos de la conciencia, de esa construcción imaginaria –y absolutamente necesaria, por otra parte- que es el yo.

Pero no se trata solo de la emergencia de lo reprimido –como algunos podrían suponer-, de aquello que, permanentemente, se resiste a ser desvelado, pero que, a la vez, permite ser simbolizado. Porque lo inconsciente tiene dos recorridos: lo reprimido y lo crudamente pulsional. En este último caso, únicamente podemos circundar. Quiero decir que solo podemos aspirar a rozar la pulsión con la palabra. De la Fuente lo consigue y de qué manera. Incluso, en ocasiones, pareciera que arrancara con la palabra un cuajo de pulsión. Lacan ya apuntó esta posibilidad: «Solo la poesía, en ciertos momentos, puede hacer presente lo real gracias a determinados usos de la lengua».

Lo pulsional, esa tensión que enhebra el cuerpo –lo real– frente al agujero forjado por la pérdida original a la que está sometido todo sujeto y sobre la cual orbitan la sangre, el dolor, el miedo, la locura, lo divino, la culpa. El abismo.

Ahora que habitas la boca del lobo, ves la transparencia de la locura y lo divino te ahoga, te reduce a simple aliento. Ves el agua-fiebre corromper el nombre de las piedras. Mientras la noche, clavada en un madero, babea.

O este otro poema:

Sabías que Dios estaba tras el muro y tú seguías tirando piedras. Renegaste de tu nombre, de tu sangre, de la existencia. La culpa y el lobo aullaban en el veneno de la sombra. Malos tragos para el ciego, para el buscador de ceniza. Después de tantas lunas, lloras.

Consigue De la Fuente la emergencia de lo inconsciente a partir de una escritura que se aproxima mucho –en ocasiones, lo es plenamente-, a la escritura automática. Palabra empujada más por la fuerza de la pulsión que por las normas del pensamiento. Palabra apenas pulida (puedo dar fe de ello: tantas horas de escritura poética compartidas con el autor del poemario), que brinda una fuerza metafórica que, en ningún caso, podría ser producto de una escritura pasada por la reflexión de modo apriorístico. Como insistía María Zambrano, no se puede enseñar a hacer una metáfora: sale. Y sale en la medida en que la conexión entre dos palabras sea inhóspita, inverosímil, salvaje.

De la Fuente escribe sin saber lo que dice, pero con un conocimiento otro. No un conocimiento epistemológico, sino esa verdad que, si no mediara el corpus simbólico de lo poético, nos haría enloquecer. La sombra animal que nos acecha y que es tajada, con mayor o menor éxito, por el lenguaje. Parafraseando los versos de Arthur Lundkvist: Si el pájaro supiera por qué canta / enloquecería.[1]

Eran terribles en el pensamiento-páramo. Los orgullos azules brillaban como el desgarro del número. La noche, violentada por su luz, contaminó la virginidad del agua. Implacables, descendieron por los pétalos de la ira. El miedo frente al miedo, devorando el deseo.

Una buena amiga y estupenda poeta, cuando acaba de escribir un texto suele decir: “Chim pum”. Pues eso, chim pum.

Alberto Cubero

RESEÑA DE ANA BELÉN MARTÍN VÁZQUEZ SOBRE EL POEMARIO “TRÁNSITOS”

Reseñas

Ana Belén Martín Vázquez .- Tránsitos (Ediciones Evohé, 2017), es un poemario ilustrado realizado a cuatro manos, a cargo del poeta y ensayista Alberto Cubero (Madrid, 1972), y del escultor Leandro Alonso (Madrid, 1963). Estamos ante un libro singular, desde el cuadrado que le da forma en lo exterior hasta su interior, donde nos encontramos con el poema, en las páginas impares, y el ideograma, en las pares, que constituyen el encuentro de dos formas de expresión, sin dependencia ni competencia: una palabra poética rodeada de silencio y un ideograma que permite hacer una lectura complementaria o independiente del texto; en suma, una doble propuesta artística que da libertad para una infinidad de lecturas, incluso la que obvia la palabra o la ilustración.

Se trata de la cuarta colaboración entre ambos creadores, que ya habían dado muestra de su compenetración y buen hacer en proyectos conjuntos previos como el poemario: “La textura metálica del dolor” (El Sastre de Apollinaire, 2011); la instalación de poesía y escultura, junto a otros autores, titulada “Espacios de Lenguaje”; la exposición “Tránsitos” y ahora, este poemario en el que repiten el título del último trabajo. Conociendo la visión que Cubero y Alonso tienen del arte y de las respectivas disciplinas en las que desarrollan su principal labor artística, poesía y escultura, no es de extrañar que sean tan cómplices en este tipo de trabajos y que el resultado sea tan inspirador como el que ofrece este nuevo libro. Estamos ante dos creadores que se admiran y entienden que su trabajo ha de nutrirse de la obra de otros artistas y disciplinas. De hecho, sus respectivos currícula muestran esos itinerarios y colaboraciones con terceros, evidenciando que las clasificaciones que establecen barreras entre géneros no les valen, porque las artes se comunican y crecen en sus espacios de encuentro.

Tránsitos es un libro, me permitiría decir, de carácter existencialista en el que la herida y el laberinto se repiten, y crean las condiciones para el abismo y el sufrimiento, lo que acecha. Estamos ante un poemario desesperanzado a pesar de algunas apariciones del deseo, algunos atisbos de otra posibilidad:

El libro alberga varias ideas clave como la búsqueda, el tránsito, la dualidad y el aislamiento. En primer lugar, la búsqueda está presente en la dedicatoria del volumen, “A los que buscan y no encuentran”, y en la cita inicial de María Zambrano: “Que el hombre es un ser transcendente quiere decir que anda en tránsito, siempre en vías de ser”. Otra noción central es la de tránsito, que da título a este trabajo. Recordemos que según su definición, tránsito es el movimiento, es la muerte y ese estar entre dos lugares, dos ámbitos que puede suponer estar en ningún lugar, no estar. Ese dos, esa dualidad, es otra de las claves que permite la lectura del libro. Así, la dualidad se aprecia en la estructura del poemario, que presenta dos poemas cero, uno que abre y otro que cierra; y se desarrolla en dos amplios apartados, titulados, respectivamente, ‘El otro’ y ‘Lo otro’, que se complementan y responden. En línea con la dualidad, Tránsitos es también un diálogo, pero un diálogo imposible entre el tú al que los poemas apelan y la propia voz poética que se manifiesta.

Si nos fijamos en los dos poemas que abren y cierran el libro, en ambos el texto alude a un tú. En el primero, se trata de alguien que está en el laberinto: “(…) Transitas sin comprender la hondura de este verbo. / Estás allá donde niegas la existencia, en vano” (pág. 11). Por su parte, en el último, leemos: “(…) Mendigo forjado en barro, así debe ser tu corazón. / Así los velos que te intuyen” (pág. 153). Y en los dos casos, los poemas quedan suspendidos, en ese espacio indeterminado donde el tú, el otro, no acaba de ser, donde encontramos a un desconocido que pone barreras y distancia respecto a la voz poética que atraviesa el poemario, esa voz que también se refugia en lo impersonal y en su propia desaparición.

En la parte central del poemario, la incomprensión hacia lo externo se plasma tanto en la primera parte, titulada “El otro”, como en la segunda, “Lo otro”. Así, la voz poética no encuentra auxilio ni en el tú interpelado ni en un contexto más amplio. En ‘El otro’, la lectura avanza en torno a la vulnerabilidad, la incertidumbre, el abandono, la confusión, las pérdidas, el desarraigo, el desaliento, el miedo, las renuncias, la mentira, la inquietud, lo siniestro, la ruina, el rencor, la desconfianza, el desconsuelo… Y todos esos elementos van construyendo una fatalidad que lo inunda casi todo, donde los elementos alentadores son escasos (el deseo, las caricias, la luz), y la intuición apunta hacia los malos presagios. En la segunda parte, “Lo otro”, el horizonte se amplía pero a pesar de eso, nos mantenemos en el territorio de la extrañeza, lo innombrable, lo indeterminado, lo que se disuelve, la distorsión, la deriva, de nuevo la vulnerabilidad, la imposibilidad de la tregua o el equilibrio o la coherencia; la pesadumbre, la iniquidad y la soledad…

Tránsitos es un libro en tensión, sin sosiego. Nos presenta un yo apenas vislumbrado que es un sujeto en conflicto con lo externo, percibido muchas veces a través de los sentidos, la voz y la mirada, sobre todo. No obstante, esa conexión con lo externo es también un acercamiento que se trunca o que incluso devuelve un aislamiento añadido: “Hay una mirada sin fin, un desbordamiento ante las fauces del perímetro. / Imperceptible, fluye lo que te abandona”,  (pág. 37); “(…) Escuchas la arquitectura del miedo y los montículos de la penumbra. / No aciertas a descifrar los nombres de la herida ni el ojo de las renuncias” (pág. 39); “(…) Sangra la retina, pero tú no lo ves: te cegó la confluencia de voluntades” (pág. 49); “(…) Salto de sed sobre la herida abierta de lo que va llegando, / hay voces que arrastran lo desconocido” (pág. 63).

En cuanto al estilo, es un libro exacto que acierta con la palabra precisa y donde el silencio resulta fundamental. Poemas muy breves, en su mayoría, y sumamente equilibrados donde no sobra ni falta nada, que nos arrojan a un mundo de sugerencia y apertura de sentido donde cada uno va a alcanzar su propio vértigo, su propio equilibrio, sus propias preguntas y también, su propio tránsito. En este sentido, cabe subrayar que es un libro  sumamente coherente con lo que Alberto Cubero entiende por poesía y, por tanto, con su propia poética, establecida en los poemarios ya publicados y en el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (Escolar y Mayo, 2017), donde Cubero insiste en que “el lenguaje poético habita en los perímetros de lo inefable, y no en los planos de los significados explícitos”.

Dado que es un libro en tensión y en conflicto, estamos ante un libro dominado por los contrastes, las antítesis… Aunque se emplean no como un mero recurso estilístico sino como base de una lucha de conceptos que genera todo un imaginario, levantado en los bordes del abismo. Así, asistimos a unos tiempos naturales alterados, “Preñez de la noche. / (…) El amanecer llegará nunca” (pág. 111); al encuentro de la falacia y la creencia (“La raíz es falacia. / Delirio en el extremo norte de las creencias” (pág. 129); o bien, a dobles contrastes como el de la página 143: “(…) vertebrar los contrafuertes de la armonía entre las brasas de la barbarie”.

Y dicho todo esto del texto poético que propone Alberto Cubero, quedaría hablar de la otra mitad del libro: los ideogramas que, desde el espejo de las páginas pares, acompañan cada uno de los poemas. La aportación de Leandro Alonso al libro es un libro en sí mismo y ofrece su propia lectura. En consonancia con lo textual, son trazos irregulares que apuntan también a la apertura, el desequilibrio y la tensión entre el dentro y el afuera. Son también el espacio donde reposar, descansar y digerir la palabra; el enigma, el laberinto, lo desconocido que nos apela. Los ideogramas son además, el negro y el blanco, el continente y lo contenido, y lo que se desborda y anega los márgenes.

En suma, estamos ante un libro inagotable, que nos permite crecer y nos regala cientos de lecturas…para llegar, gracias a lo poético, al encuentro con nuestros propios abismos y los espacios que nos aíslan como sujetos.

Ana Belén Martín Vázquez

Publicada en La Galla Ciencia

 

La poesía no intenta comunicar, ni denunciar, sino revelar

Entrevistas

Por Esther Peñas.- Alberto Cubero (Madrid, 1975) es un zahorí. En vez de vara de avellano, emplea la intuición, y a través e ellas llega a lo poético, acercándose (o bordeando) lo real. Ilumina la palabra desde su torsión no embridada, se deja hacer, y lo poético, de nuevo, emerge. Después, lo trabaja. Lo sagrado, lo inefable, el fulgor. Todo ello habita su mirada poética, sintetizada en su hermoso ensayo ‘Qué entendemos por entender poesía’ (Escolar y Mayo).

Comienzo por una corriente poética antitética a la que tú propones y habitas, la poesía social, suponiendo que la expresión no encierre un pleonasmo. De alguna manera, esta poesía, ¿no traiciona el poema como tal, al contemplarlo no como fin en sí mismo sino como medio para?

Este tipo de poesía tiene un predominio casi mafioso en España, la llamada poesía social. Esas etiquetas, esas clasificaciones no me gustan. No sé muy bien qué quiere decir la poesía social, porque entiendo que lo social empieza por el sujeto. Entiendo la poesía no como un acto de comunicación ni como algo que se construye con un lenguaje representacional del mundo, para eso hay otros campos, el ensayo, por ejemplo; si la poesía se convierte en crítica social encontramos las odas a Stalin de Neruda. Para mí, la palabra poética es otra cosa, es la que trata de nombrar lo innombrable, la que habla de lo inefable.

Pero la llamada poesía social ha conquistado casi todos los espacios de poder ‘oficiales’ y, por tanto, lo que se estimula es esa corriente, pareciendo a veces que no hay nada más fuera de ella…

Efectivamente. Recuerdo que hace poco, hablando con un amigo al que admiro mucho, Fernando Nombela, hablábamos de que uno de los poemarios más sociales y políticos es ‘Descripción de la mentira’, de Gamoneda. Nada se nombra explícitamente pero todo está ahí; no intenta comunicar, ni denunciar, sino revelar, lo que hace es un trabajo con el lenguaje que convierte el poema en un organismo vivo.

Se trata más de habitar el poema y de que nos traspase que de comprenderlo…

Sí, nos habita más el lenguaje que lo dominamos, ahí conecta con la cuestión psicoanalítica, como no puede ser de otra manera, el psicoanálisis trabaja el lenguaje no desde la palabra filológica sino como palabra que engancha con lo pulsional y el deseo y, por otra parte, con la palabra que ha quedado en lo siniestro, reprimida. Es muy distinto el planteamiento. Esa idea que está en Novalis, de que habla Rimbaud, ésa es la postura del psicoanálisis y el lenguaje. Acercarse a lo que pasa ahí. Yo entiendo la poesía como algo profundamente inconsciente, lo que no quiere decir que lo consciente no participe, sobre todo para pulir. Pero esto de ‘voy a escribir un poema sobre el terremoto de Italia’ me parece que corresponde a lo que yo llamo escribas y mi amigo Nombela ‘verseros’. Para mí la poesía tiene que ver con lo sagrado. Ahí está la palabra poética, es un trabajo de descubrimiento. El poema revela algo en el lector, y eso es una revelación que se da no porque el poeta transmita algo adrede. No creo que sea una cosa didáctica, comunicativa, el poema, menos un espacio desde el que arengar.

“La poesía abre lo cerrado”. ¿Cualquiera puede acceder a ese espacio de revelación y habitarlo?

Sí, todo el mundo. Mi experiencia en los talleres durante tantos años es que sí; es más, cuando empiezo con un grupo nuevo les llevo algún poema potente, por ejemplo ‘La tumba de Keats’, de Mestre, para ver quién sale corriendo y quién aguanta. Sí, se puede acceder a ese espacio, con tacto y poco a poco, con calidad y calidez. Uno no puede acercarse a la poesía de primeras con Paul Celan, por ejemplo. Pero sí puede llegar a él. Lo que hay que evitar, y esto me lo aplico a mí mismo el primer, es la comodidad o pereza de espíritu.

Detrás de un “yo no entiendo la poesía” propones que lo que se esconde es  “tengo miedo de entrar en ella”, es decir, de descubrir cosas de mí mismo. Curioso que ese terreno de los misterio que tanto fascina en otros ámbitos, en el campo poético nos repela…

Uno puede descubrir cosas muy gordas sobre uno mismo leyendo poesía; ese miedo tiene dos patas, el no entender, que hay que tachar, y el miedo a lo que podamos descubrir. La poesía es un medio, la poesía con mayúsculas, sin que suena pretencioso, la poesía que ahonda el misterio del que estamos hablando, puede remover muchas cosas en uno. He tenido alumnas que, por el momento, no han querido abordar a Alejandra Pizarnik, y lo entiendo, ella remueve, y mucho. No digo que el diván y el poema sean lo mismo, no me atrevería a decir que la poesía es terapéutica, pero sí que ahonda y remueve, ahí está el miedo. Y uno tiene el derecho del mundo a no querer que le remuevan cosas.

¿Estamos más preparados para el encuentro poético fuera del verso, con esas sincronías, hallazgos, objetos poéticos, actos poéticos..?

Creo que sí, es que el lenguaje… ¿Por qué nos empeñamos en que hay que entender un poema? Yo no tengo conocimientos técnicos del jazz o de múisca clásica, pero soy capaz de disfrutarlas. Con la poesía está el lenguaje. Con la poesía escrita, me refiero. El lenguaje nos atraviesa, nos divide como animales y nos constituye como humanos. Y el lenguaje lleva una serie de complicaciones, hasta en su uso más coloquial: malentendidos, contradicciones…

En la poesía, ¿se hace más real que nunca la frase de Lacan, aquella que dice que uno puede estar seguro de lo que escribe pero jamás de lo que el otro va a entender?

Sí, en los últimos años de su vida, Lacan abordó lo poético y sacó cosas muy interesantes. No se puede controlar la interpretación que haga el otro. En clase, por ejemplo, hemos leído ‘Jardín encantado’, de Calvino, y hay interpretaciones de todo tipo. Tampoco sé si uno está realmente seguro de lo que ha escrito, pero desde luego la interpretación del otro es como el mundo, porque somos seres fenomenológicos. Parece que para nosotros dos esto es evidente. Pero volvemos al lenguaje, que es lo menos gratuito que existe.

¿Cómo se reconoce a un poeta auténtico?

Es una buena e interesante pregunta… habría más de un parámetro. Uno sería la trayectoria. Se puede escribir un buen poema un poco por azar, pero un buen poemario, no, y desde luego varios, menos. Ada Salas, Pilar Fraile y Antonio Méndez Rubio, los tres poetas a los que invitamos al seminario ‘Poesía y psicoanálisis’, en el Colegio de Psicoanálisis, tienen poemarios en los que se ve una tensión significante, una violentación del lenguaje, un corpus simbólico que te conmueve.

Con-moverse, moverse de nuestro lugar, más que ‘emocionarse’…

Exacto, y eso se produce con ciertos usos del lenguaje. De ello habla Lacan, de lo real que puede emerger de la palabra bajo ciertos usos del lenguaje poético, eso se palpa. La poesía como poesía escrita es un trabajo con el lenguaje, no desde el punto de vista filológico, insisto. Hay quien te cuenta la mitología griega versificada, pero para eso prefiero un libro de Carlos García Gual. Hablo de ese uso de la lengua que va más allá. Hay muchos filósofos que han hablado de la dicotomía entre conocimiento y verdad, una cuestión que viene ya desde Platón, y que Heidegger intentó superar con su obra. La verdad no como dogma, sino una verdad existencial. Y creo que en la poesía pasa eso mismo, que hay quien la aborda desde un trabajo epistemológico, y quien lo hace desde lo inconsciente, buscando esa verdad.

En el encuentro poético, ¿qué lugar ocupa el otro?

Toda. En el caso de la poesía epistemológica, el otro asimila una poesía basada en el conocimiento, recibe datos, información. Pero en la poesía como revelación, como trabajo con el lenguaje, el otro se convierte en coautor, tiene que interpretar el texto, sacar de él una serie de emociones; la interpretación-consciente son conceptos que se escupen, uno no interpreta diciendo ‘voy a interpretar así’, sino que interpreta con lo que lleva vivido, Lacan lo llamaría ‘cadena de significantes’, nosotros ‘experiencia vital’. Y eso emerge de manera instantánea. ¿Qué lugar ocupa el otro? El de la muerte del autor, de Barthes, ha de morir y entregar un organismo lingüístico, vivo y generador de silencio, como decía Octavio Paz. Ese llevarte a otro sitio, ese ser generador de mundo en vez de representación o imagen del mundo, como propone Deleuze, es lo que marca la diferencia.

María Negroni me regaló una reflexión de Macedonio Fernández: “Varias veces inicié el estudio de la metafísica pero siempre me interrumpió la felicidad”. ¿Por qué se escribe, sobre todo, desde el dolor, desde la grieta, como quieras llamarlo?

Se podrían decir varias cosas… todo el mundo ha sentido la necesidad de escribir ante el dolor. Esto es un universal. La alegría es más fácil de compartir. En cambio, es complicado que un sujeto que realmente está sufriendo se encuentre con otro sujeto que tenga capacidad de escucha. Por eso se pinta, se escribe, se esculpe, para vehiculizar ese dolor. Por otra parte, hay una herida originaria que no nos la quita nadie, aunque seamos felices (otra cosa es qué es la felicidad), desde la pérdida de la animalidad, el recorrido pulsional que nos tensa, las pérdidas que nos atraviesan… la melancolía, la memoria, el olvido, los deseos frustrados… todo eso nos constituye, aunque seamos razonablemente felices.

El poema, ¿nos dona tiempo y espacio?

Sí, es organismo lingüístico que nos da la oportunidad de tener un espacio propio, que es algo insólito, un espacio interior, que necesitamos para nosotros mismos y que es difícil de encontrar; ese espacio se abre, y se abre un tiempo sin tiempo, según la idea de Blanchot.

Del no lugar…

Eso es, escribir es aventurarse a la ausencia de tiempo, como leer, como sucede en el arte en general.

Publicado en Solidaridad Digital

Encuentro con Antonio Méndez Rubio

Encuentros, Presentaciones

Esta semana estará Antonio Méndez Rubio en Madrid. En mi opinión, una de las voces poéticas más interesantes y profundas que tenemos en este país. También uno de los ensayistas más brillantes, capaz de interrelacionar en sus ensayos diferentes campos del pensamiento y del arte con una fluidez y sabiduría pasmosas.

Podréis escuchar a Antonio en dos actos:

– El próximo viernes, 23 de junio, a las 19 h, en el Colegio de Psicoanálisis de Madrid (Calle Pedro Heredia, nº 8,4-izquierda. Metros: Manuel Becerra y Ventas), dentro del ciclo “Poesía y psicoanálisis”. Tras la lectura de poemas por parte de Antonio, conversará con él la psicoanalista Laura Salino.

– El próximo sábado, 24 de junio, a las 12 h, en la librería Enclave (calle Relatores, 16. Metros: Sol y Tirso de Molina). Presentará su último poemario, “Por nada del mundo” (editorial Vaso Roto, enero 2017). Haremos un breve introducción al libro el escultor Evaristo Bellotti y un servidor.

Creo que ningún amante de la buena poesía debería perderse estos encuentros con Antonio Méndez Rubio.

Os esperamos, viernes y sábado o, al menos, uno de los dos días.

Antonio Méndez Rubio es poeta y ensayista. Sus libros de poemas fueron recogidos en los ciclos Todo en el aire (2008) y  Nada y menos (2015). Se han publicado las antologías Historia del daño (2006), Historia del cielo (2012) y Abriendo grietas (2017). En 2012 Espacio Hudson editó en Argentina Ultimátum (poemas 1991-2011), y en 2013 Vaso Roto  publicó en España y México su poemario Va verdad. Entre sus ensayos críticos destacan La apuesta invisible: cultura, globalización y crítica social (2003), La destrucción de la forma (2008), Cultura, comunicación y crisis social (2015), Comunicación musical y cultura popular (2016), Abierto por obras: ensayos sobre poética y crisis (2016) y el más reciente ¡Suban a bordo! Introducción al fascismo de baja intensidad (2017).

Su último libro de poesía es Por nada del mundo (2017).

 

Acto de presentación, “El respirar y el agujero”

Presentaciones

Presentación del poemario de José Luis De la Fuente, “El respirar y el agujero” (editorial El sastre de Apollinaire, abril de 2017),en el Centro Cultural Pablo Iglesias, en Alcobendas, . Un ambiente estupendo. Llena la sala. Un honor y un placer presentar, nuevamente, este magnífico poemario. Tiene mucho camino por delante José Luis, y un buen camino. Enhorabuena, amigo.

Dejo uno de sus poemas, como muestra de la fuerza y la tensión significante de su poesía:

“Sabías que Dios estaba tras el muro y tú seguías tirando piedras. Renegaste de tu nombre, de tu sangre, de la existencia. La culpa y el lobo aullaban en el veneno de la sombra. Malos tragos para el ciego, para el buscador de ceniza. Después de tantas lunas, lloras”.

 

Presentación, “El respirar y el agujero”

Presentaciones

CUBIERTA El respirar y el agujeroEl próximo viernes, 16 de junio, a las 19 h, en el Centro Cultural “Pablo Iglesias”, de Alcobendas, presentamos el poemario de José Luis de la Fuente, “El respirar y el agujero” (editorial El sastre de Apollinaire, abril de 2017).

En mi opinión, se trata de uno de los mejores poemarios publicados en los últimos tiempos. Sobre eso y alguna cosa más hablaremos en la presentación.

 

Os esperamos para compartir esos momentos en torno a la palabra poética con mayúsculas.