EL RESPIRAR Y EL AGUJERO de JOSÉ LUIS DE LA FUENTE (por Alberto Cubero)

Reseñas

El respirar y el agujero , José Luis de la Fuente. 

El sastre de Apollinaire, 2017

Artículo publicado en La Galla Ciencia. Ver aquí

 

Trabajar el lenguaje desde un lugar previo al lenguaje. No tomarlo como un corpus establecido en el que llevar a cabo, con más o menos fortuna, ciertas maniobras retóricas. Recoger la palabra poética desde un estrato anterior a todo verbo. Esta es la propuesta que nos hace José Luis de la Fuente en su más que interesante poemario.

Quizás algunos se extrañen: trabajar el lenguaje desde un lugar previo al lenguaje. Y está bien que experimenten ese extrañamiento pues, acaso, les lleve a una reflexión respecto a un posicionamiento diferente al que hayan podido tener, hasta el momento, frente a la escritura poética. Quiero decir con ello que en “El respirar y el agujero” la palabra no es preconcebida, estandarizada, incluso maniatada, me atrevería a decir, sino que adviene en el poeta remontando desde allá donde reside lo desconocido. No se trata de que el poeta vaya en busca de, sino que se sienta atravesado por el lenguaje. En este sentido, la poesía de De la Fuente es una poesía del inconsciente que, como ya nos enseñara Lacan, está estructurado como un lenguaje. ¿Pero qué lenguaje es ese? ¿El que utilizamos habitualmente para intentar comunicarnos? ¿El que utilizamos para decir eso es?

En absoluto. Se trata de un lenguaje radicalmente otro. El que fluye adherido a lo siniestro. O mejor dicho, lo siniestro emerge adherido a la palabra. A aquello que, como decía Schelling, debiendo permanecer secreto, oculto, acaba por manifestarse. El Unheimlich freudiano que tan cercano está, por cierto, de lo familiar, de lo más próximo, de loheimlich, como sucedía en “La carta robada”, de Poe.

Quizás seas la sombra

de un animal inconsciente

el apetito de algo que se esconde

O este otro estupendo poema:

Caminar por los hilos subterráneos de la boca. Tu levedad se multiplica en un delirio de sombras. No es fácil atravesar la incertidumbre que forjaron los significados, su barro lo cubre todo. En el exterior, otro alguien te habita. Exagerada fractura del yo: orificio desubicado donde el paisaje se adentra.

Sí, la incertidumbre que forjaron los significados, esos significados que tantas veces no significan -quiero decir que no significan algo en concreto-, sino que se constituyen en un elenco, una multiplicidad de posibles significaciones (significancia: Kristeva, Lacan). Sí, ese otro que nos habita en el exterior de la conciencia, pues somos tan –o más- sujetos del inconsciente que sujetos de la conciencia, de esa construcción imaginaria –y absolutamente necesaria, por otra parte- que es el yo.

Pero no se trata solo de la emergencia de lo reprimido –como algunos podrían suponer-, de aquello que, permanentemente, se resiste a ser desvelado, pero que, a la vez, permite ser simbolizado. Porque lo inconsciente tiene dos recorridos: lo reprimido y lo crudamente pulsional. En este último caso, únicamente podemos circundar. Quiero decir que solo podemos aspirar a rozar la pulsión con la palabra. De la Fuente lo consigue y de qué manera. Incluso, en ocasiones, pareciera que arrancara con la palabra un cuajo de pulsión. Lacan ya apuntó esta posibilidad: «Solo la poesía, en ciertos momentos, puede hacer presente lo real gracias a determinados usos de la lengua».

Lo pulsional, esa tensión que enhebra el cuerpo –lo real– frente al agujero forjado por la pérdida original a la que está sometido todo sujeto y sobre la cual orbitan la sangre, el dolor, el miedo, la locura, lo divino, la culpa. El abismo.

Ahora que habitas la boca del lobo, ves la transparencia de la locura y lo divino te ahoga, te reduce a simple aliento. Ves el agua-fiebre corromper el nombre de las piedras. Mientras la noche, clavada en un madero, babea.

O este otro poema:

Sabías que Dios estaba tras el muro y tú seguías tirando piedras. Renegaste de tu nombre, de tu sangre, de la existencia. La culpa y el lobo aullaban en el veneno de la sombra. Malos tragos para el ciego, para el buscador de ceniza. Después de tantas lunas, lloras.

Consigue De la Fuente la emergencia de lo inconsciente a partir de una escritura que se aproxima mucho –en ocasiones, lo es plenamente-, a la escritura automática. Palabra empujada más por la fuerza de la pulsión que por las normas del pensamiento. Palabra apenas pulida (puedo dar fe de ello: tantas horas de escritura poética compartidas con el autor del poemario), que brinda una fuerza metafórica que, en ningún caso, podría ser producto de una escritura pasada por la reflexión de modo apriorístico. Como insistía María Zambrano, no se puede enseñar a hacer una metáfora: sale. Y sale en la medida en que la conexión entre dos palabras sea inhóspita, inverosímil, salvaje.

De la Fuente escribe sin saber lo que dice, pero con un conocimiento otro. No un conocimiento epistemológico, sino esa verdad que, si no mediara el corpus simbólico de lo poético, nos haría enloquecer. La sombra animal que nos acecha y que es tajada, con mayor o menor éxito, por el lenguaje. Parafraseando los versos de Arthur Lundkvist: Si el pájaro supiera por qué canta / enloquecería.[1]

Eran terribles en el pensamiento-páramo. Los orgullos azules brillaban como el desgarro del número. La noche, violentada por su luz, contaminó la virginidad del agua. Implacables, descendieron por los pétalos de la ira. El miedo frente al miedo, devorando el deseo.

Una buena amiga y estupenda poeta, cuando acaba de escribir un texto suele decir: “Chim pum”. Pues eso, chim pum.

Alberto Cubero

QUÉ ENTENDEMOS POR ENTENDER LA POESÍA EN “TENDENCIAS 21”

Reseñas

Un espacio de libertad: “Qué entendemos por entender la poesía”, de Alberto Cubero

Ensayo publicado por la editorial Escolar y Mayo sobre el papel de este género, a menudo socialmente denostado

“En el lenguaje poético no se da comunicación, sino revelación”, escribe el poeta Alberto Cubero, en su ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (Escolar y Mayo, 2017). En esta obra, Cubero defiende la importancia de la poesía en el cuestionamiento de la realidad, como puente entre lo individual y lo colectivo, y como espacio de libertad. Por Carlos Javier González Serrano.

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Acto de presentación, “El respirar y el agujero”

Presentaciones

Presentación del poemario de José Luis De la Fuente, “El respirar y el agujero” (editorial El sastre de Apollinaire, abril de 2017),en el Centro Cultural Pablo Iglesias, en Alcobendas, . Un ambiente estupendo. Llena la sala. Un honor y un placer presentar, nuevamente, este magnífico poemario. Tiene mucho camino por delante José Luis, y un buen camino. Enhorabuena, amigo.

Dejo uno de sus poemas, como muestra de la fuerza y la tensión significante de su poesía:

“Sabías que Dios estaba tras el muro y tú seguías tirando piedras. Renegaste de tu nombre, de tu sangre, de la existencia. La culpa y el lobo aullaban en el veneno de la sombra. Malos tragos para el ciego, para el buscador de ceniza. Después de tantas lunas, lloras”.