Qué entendemos por entender la poesía

Reseñas

Son muchas las personas que no se acercan a la lectura poética. Puede que tú mismo seas uno de ellos. Hace unos años yo tampoco lo hacía. Ni mucho menos a la contemporánea. Pero después de cinco años en un grupo de escritura creativa, leyendo toda clase de textos, he podido comprobar gratamente que es una lectura que enriquece el alma. Puede que más que alguna buena novela. Aunque ambas no son excluyentes entre sí. Ni mucho menos. Mucha gente me dice cuando lee alguno de mis textos, que no lo entiende, si supieran que muchas veces ni yo misma lo entiendo…

Pero, ¿por qué la necesidad de “entenderlo” todo? Hay una escritura más allá de la comunicativa. Que no pretende contarte una historia. Hay lecturas que tan solo te ofrecen infinidad de posibilidades…”tan solo”.

Cuando uno oye hablar de “poesía”, por lo general, suele dar marcha atrás. Muchos piensan en aquello que estudiaron en la escuela, en los textos que tuvieron que memorizar… etc. Y otros directamente dicen que no les gusta porque no la entienden.

A lo largo de los años que llevo cerca de este mundo (por llamarlo de alguna manera, pues no es otro diferente que en el que todos vivimos), he aprendido que existen muchos tipos de poesía. Y que no todos hay que entenderlos. A  muchos poetas que preguntéis qué querían decir en sus poemas, os dirán que no tenían ni idea.  Pues a veces solo es necesario sentir, más allá de comprender. Pueden leerlo cien personas diferentes y todas y cada una de ellas pueden percibir algo completamente opuesto. Y no por ello unos acierten y otros se equivoquen. Todas la opciones son válidas. Pues su percepción depende de factores tan diversos como personas hay en el mundo. Incluso tal vez una misma persona lea un mismo texto en momentos diferentes y lo reciba de manera muy contraria. Dependiendo de su propio estado de ánimo, situación personal en ese momento y muchos otros factores. El objetivo de ese autor, no siempre será transmitir un mensaje. Éste terminó su trabajo una vez dejó quieta la pluma/el teclado, una vez expone su obra, ésta deja de ser suya para convertirse en la de cada uno de aquellos que la observen. Y así, de un mismo poema (o cualquier otra expresión artística) nacerán tantas obras como impresiones reciba.

Así nos lo transmite, por ejemplo, Alberto Cubero, a través de sus obras, y ahora también en su ensayo “Qué entendemos por entender la poesía”.

 

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Qué entendemos por entender la poesía, Alberto Cubero, 2017 (Edit. Escolar y Mayo)

En él nos acerca a comprender mejor el mundo poético y todo lo que le concierne. De una forma clara y cercana nos demuestra que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pues no es el clásico ensayo de cientos de páginas en el cual hay que estar consultando el diccionario constantemente para lograr comprender cada frase. En este libro de poco más de 80 páginas, con prólogo del poeta Antonio Méndez Rubio, Cubero nos expone una visión nunca antes leída sobre la poesía. Algo tan necesario como salir del encorsetamiento al que estamos tan acostumbrados. Habiéndose publicado hace apenas unos meses ya tiene númerosas críticas, y muy buenas.

Como lectora, nunca antes había abordado la lectura de ensayo, y reconozco que cuando enganché este libro no lo podía dejar. Los que conocemos personalmente a Alberto sabíamos de sus ideas a este respecto, pero poder leerlo con grandes referencias a libros más que recomendables como apoyo a su discurso, es un verdadero placer. Sé de buena tinta que personas que nunca habían abierto un poemario en su vida, a raiz de leer Qué entendemos por entender la poesía han ido directos a por uno. Tal vez porque han descubierto que la lectura no solo puede ofrecer entretenimiento, o información concreta, sino que también hace una gran labor, no solo social, también respecto al autoconocimiento. Ahondar en nosotros mismos no siempre es apetecible. A veces, la poesía funciona como método de revelación, y para eso no siempre estamos  preparados.

Hay estudios que demuestran que leer poesía es más efectiva que los libros de autoayuda. De hecho, el propio Cubero imparte, además de talleres de Escritura Creativa, talleres de escritura terapéutica y está más que versado en la relación de poesía y psicoanálisis habiendo presentado varios encuentros entre distintos poetas y psicólogos donde la charla en torno a la palabra poética y la mente humana no tenía desperdicio.

Esto no quiere decir que os tenga que gustar, tampoco significa que no tenga que hacerlo. Como gran defensora del respeto al prójimo y a uno mismo, entiendo que cada cual decida libremente sus gustos, así como nadie pueda tampoco cuestionar los propios; mas, de todo corazón, os invito a que hoy, mañana, quizá dentro de unas semanas, en un rato de aburrimiento, o de pura curiosidad; buceéis por este maravilloso mundo, al que todos pertenecemos.

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La poesía no intenta comunicar, ni denunciar, sino revelar

Entrevistas

Por Esther Peñas.- Alberto Cubero (Madrid, 1975) es un zahorí. En vez de vara de avellano, emplea la intuición, y a través e ellas llega a lo poético, acercándose (o bordeando) lo real. Ilumina la palabra desde su torsión no embridada, se deja hacer, y lo poético, de nuevo, emerge. Después, lo trabaja. Lo sagrado, lo inefable, el fulgor. Todo ello habita su mirada poética, sintetizada en su hermoso ensayo ‘Qué entendemos por entender poesía’ (Escolar y Mayo).

Comienzo por una corriente poética antitética a la que tú propones y habitas, la poesía social, suponiendo que la expresión no encierre un pleonasmo. De alguna manera, esta poesía, ¿no traiciona el poema como tal, al contemplarlo no como fin en sí mismo sino como medio para?

Este tipo de poesía tiene un predominio casi mafioso en España, la llamada poesía social. Esas etiquetas, esas clasificaciones no me gustan. No sé muy bien qué quiere decir la poesía social, porque entiendo que lo social empieza por el sujeto. Entiendo la poesía no como un acto de comunicación ni como algo que se construye con un lenguaje representacional del mundo, para eso hay otros campos, el ensayo, por ejemplo; si la poesía se convierte en crítica social encontramos las odas a Stalin de Neruda. Para mí, la palabra poética es otra cosa, es la que trata de nombrar lo innombrable, la que habla de lo inefable.

Pero la llamada poesía social ha conquistado casi todos los espacios de poder ‘oficiales’ y, por tanto, lo que se estimula es esa corriente, pareciendo a veces que no hay nada más fuera de ella…

Efectivamente. Recuerdo que hace poco, hablando con un amigo al que admiro mucho, Fernando Nombela, hablábamos de que uno de los poemarios más sociales y políticos es ‘Descripción de la mentira’, de Gamoneda. Nada se nombra explícitamente pero todo está ahí; no intenta comunicar, ni denunciar, sino revelar, lo que hace es un trabajo con el lenguaje que convierte el poema en un organismo vivo.

Se trata más de habitar el poema y de que nos traspase que de comprenderlo…

Sí, nos habita más el lenguaje que lo dominamos, ahí conecta con la cuestión psicoanalítica, como no puede ser de otra manera, el psicoanálisis trabaja el lenguaje no desde la palabra filológica sino como palabra que engancha con lo pulsional y el deseo y, por otra parte, con la palabra que ha quedado en lo siniestro, reprimida. Es muy distinto el planteamiento. Esa idea que está en Novalis, de que habla Rimbaud, ésa es la postura del psicoanálisis y el lenguaje. Acercarse a lo que pasa ahí. Yo entiendo la poesía como algo profundamente inconsciente, lo que no quiere decir que lo consciente no participe, sobre todo para pulir. Pero esto de ‘voy a escribir un poema sobre el terremoto de Italia’ me parece que corresponde a lo que yo llamo escribas y mi amigo Nombela ‘verseros’. Para mí la poesía tiene que ver con lo sagrado. Ahí está la palabra poética, es un trabajo de descubrimiento. El poema revela algo en el lector, y eso es una revelación que se da no porque el poeta transmita algo adrede. No creo que sea una cosa didáctica, comunicativa, el poema, menos un espacio desde el que arengar.

“La poesía abre lo cerrado”. ¿Cualquiera puede acceder a ese espacio de revelación y habitarlo?

Sí, todo el mundo. Mi experiencia en los talleres durante tantos años es que sí; es más, cuando empiezo con un grupo nuevo les llevo algún poema potente, por ejemplo ‘La tumba de Keats’, de Mestre, para ver quién sale corriendo y quién aguanta. Sí, se puede acceder a ese espacio, con tacto y poco a poco, con calidad y calidez. Uno no puede acercarse a la poesía de primeras con Paul Celan, por ejemplo. Pero sí puede llegar a él. Lo que hay que evitar, y esto me lo aplico a mí mismo el primer, es la comodidad o pereza de espíritu.

Detrás de un “yo no entiendo la poesía” propones que lo que se esconde es  “tengo miedo de entrar en ella”, es decir, de descubrir cosas de mí mismo. Curioso que ese terreno de los misterio que tanto fascina en otros ámbitos, en el campo poético nos repela…

Uno puede descubrir cosas muy gordas sobre uno mismo leyendo poesía; ese miedo tiene dos patas, el no entender, que hay que tachar, y el miedo a lo que podamos descubrir. La poesía es un medio, la poesía con mayúsculas, sin que suena pretencioso, la poesía que ahonda el misterio del que estamos hablando, puede remover muchas cosas en uno. He tenido alumnas que, por el momento, no han querido abordar a Alejandra Pizarnik, y lo entiendo, ella remueve, y mucho. No digo que el diván y el poema sean lo mismo, no me atrevería a decir que la poesía es terapéutica, pero sí que ahonda y remueve, ahí está el miedo. Y uno tiene el derecho del mundo a no querer que le remuevan cosas.

¿Estamos más preparados para el encuentro poético fuera del verso, con esas sincronías, hallazgos, objetos poéticos, actos poéticos..?

Creo que sí, es que el lenguaje… ¿Por qué nos empeñamos en que hay que entender un poema? Yo no tengo conocimientos técnicos del jazz o de múisca clásica, pero soy capaz de disfrutarlas. Con la poesía está el lenguaje. Con la poesía escrita, me refiero. El lenguaje nos atraviesa, nos divide como animales y nos constituye como humanos. Y el lenguaje lleva una serie de complicaciones, hasta en su uso más coloquial: malentendidos, contradicciones…

En la poesía, ¿se hace más real que nunca la frase de Lacan, aquella que dice que uno puede estar seguro de lo que escribe pero jamás de lo que el otro va a entender?

Sí, en los últimos años de su vida, Lacan abordó lo poético y sacó cosas muy interesantes. No se puede controlar la interpretación que haga el otro. En clase, por ejemplo, hemos leído ‘Jardín encantado’, de Calvino, y hay interpretaciones de todo tipo. Tampoco sé si uno está realmente seguro de lo que ha escrito, pero desde luego la interpretación del otro es como el mundo, porque somos seres fenomenológicos. Parece que para nosotros dos esto es evidente. Pero volvemos al lenguaje, que es lo menos gratuito que existe.

¿Cómo se reconoce a un poeta auténtico?

Es una buena e interesante pregunta… habría más de un parámetro. Uno sería la trayectoria. Se puede escribir un buen poema un poco por azar, pero un buen poemario, no, y desde luego varios, menos. Ada Salas, Pilar Fraile y Antonio Méndez Rubio, los tres poetas a los que invitamos al seminario ‘Poesía y psicoanálisis’, en el Colegio de Psicoanálisis, tienen poemarios en los que se ve una tensión significante, una violentación del lenguaje, un corpus simbólico que te conmueve.

Con-moverse, moverse de nuestro lugar, más que ‘emocionarse’…

Exacto, y eso se produce con ciertos usos del lenguaje. De ello habla Lacan, de lo real que puede emerger de la palabra bajo ciertos usos del lenguaje poético, eso se palpa. La poesía como poesía escrita es un trabajo con el lenguaje, no desde el punto de vista filológico, insisto. Hay quien te cuenta la mitología griega versificada, pero para eso prefiero un libro de Carlos García Gual. Hablo de ese uso de la lengua que va más allá. Hay muchos filósofos que han hablado de la dicotomía entre conocimiento y verdad, una cuestión que viene ya desde Platón, y que Heidegger intentó superar con su obra. La verdad no como dogma, sino una verdad existencial. Y creo que en la poesía pasa eso mismo, que hay quien la aborda desde un trabajo epistemológico, y quien lo hace desde lo inconsciente, buscando esa verdad.

En el encuentro poético, ¿qué lugar ocupa el otro?

Toda. En el caso de la poesía epistemológica, el otro asimila una poesía basada en el conocimiento, recibe datos, información. Pero en la poesía como revelación, como trabajo con el lenguaje, el otro se convierte en coautor, tiene que interpretar el texto, sacar de él una serie de emociones; la interpretación-consciente son conceptos que se escupen, uno no interpreta diciendo ‘voy a interpretar así’, sino que interpreta con lo que lleva vivido, Lacan lo llamaría ‘cadena de significantes’, nosotros ‘experiencia vital’. Y eso emerge de manera instantánea. ¿Qué lugar ocupa el otro? El de la muerte del autor, de Barthes, ha de morir y entregar un organismo lingüístico, vivo y generador de silencio, como decía Octavio Paz. Ese llevarte a otro sitio, ese ser generador de mundo en vez de representación o imagen del mundo, como propone Deleuze, es lo que marca la diferencia.

María Negroni me regaló una reflexión de Macedonio Fernández: “Varias veces inicié el estudio de la metafísica pero siempre me interrumpió la felicidad”. ¿Por qué se escribe, sobre todo, desde el dolor, desde la grieta, como quieras llamarlo?

Se podrían decir varias cosas… todo el mundo ha sentido la necesidad de escribir ante el dolor. Esto es un universal. La alegría es más fácil de compartir. En cambio, es complicado que un sujeto que realmente está sufriendo se encuentre con otro sujeto que tenga capacidad de escucha. Por eso se pinta, se escribe, se esculpe, para vehiculizar ese dolor. Por otra parte, hay una herida originaria que no nos la quita nadie, aunque seamos felices (otra cosa es qué es la felicidad), desde la pérdida de la animalidad, el recorrido pulsional que nos tensa, las pérdidas que nos atraviesan… la melancolía, la memoria, el olvido, los deseos frustrados… todo eso nos constituye, aunque seamos razonablemente felices.

El poema, ¿nos dona tiempo y espacio?

Sí, es organismo lingüístico que nos da la oportunidad de tener un espacio propio, que es algo insólito, un espacio interior, que necesitamos para nosotros mismos y que es difícil de encontrar; ese espacio se abre, y se abre un tiempo sin tiempo, según la idea de Blanchot.

Del no lugar…

Eso es, escribir es aventurarse a la ausencia de tiempo, como leer, como sucede en el arte en general.

Publicado en Solidaridad Digital

“Por nada del mundo”, evocaciones

Encuentros

 

“Catorce evocaciones a partir de la lectura del poemario “Por nada del mundo”, de Antonio Méndez Rubio (editorial Vaso Roto, enero 2017)”

 

 

 

 

Si el pájaro supiera por qué canta / callaría”, -Arthur Lundkvist-.

 

La conciencia es necesaria, pero no suficiente.

 

El centro de la luz es sombra” -Gilles Deleuze-.

 

Una voz sin interior, forma sin contenido –diáfano, explícito-: el poema.

 

El pensamiento del afuera”, Michel Foucault.

 

La insuficiencia del lenguaje nos invita a torsionar el lenguaje.

En toda poesía que se precie hay una verdad en renuncia a lo epistemológico.

 

Hay una salud que sucede a la desesperación”, Antonio Gamoneda –“Descripción de la mentira”-.

 

¿Hay puertas que no deben abrirse?

No hay justicia en el cosmos: hay azar, indeterminación, olvido.

 

El estado de cosas en el mundo: “No / ves / la luz a salvo / del daño en la sien”, Antonio Méndez Rubio – del poemario “Por nada del mundo”-.

 

El cuerpo no orgánico, sino el cuerpo imaginario, el atravesado por el lenguaje.

Balbuceo, una suerte de rumor: la palabra poética.

 

Captar la cosa antes de nombrarla: el lenguaje pervertirá su esencia“, Mallarmé Foucault -“Las palabras y las cosas”-.

 

Foto: Ana Belén Martín Vázquez

 

Antonio Méndez Rubio y Alberto Cubero Foto: N.I.

Antonio Méndez Rubio Foto: N.I.

 

 

 

Encuentro con Antonio Méndez Rubio

Encuentros, Presentaciones

Esta semana estará Antonio Méndez Rubio en Madrid. En mi opinión, una de las voces poéticas más interesantes y profundas que tenemos en este país. También uno de los ensayistas más brillantes, capaz de interrelacionar en sus ensayos diferentes campos del pensamiento y del arte con una fluidez y sabiduría pasmosas.

Podréis escuchar a Antonio en dos actos:

– El próximo viernes, 23 de junio, a las 19 h, en el Colegio de Psicoanálisis de Madrid (Calle Pedro Heredia, nº 8,4-izquierda. Metros: Manuel Becerra y Ventas), dentro del ciclo “Poesía y psicoanálisis”. Tras la lectura de poemas por parte de Antonio, conversará con él la psicoanalista Laura Salino.

– El próximo sábado, 24 de junio, a las 12 h, en la librería Enclave (calle Relatores, 16. Metros: Sol y Tirso de Molina). Presentará su último poemario, “Por nada del mundo” (editorial Vaso Roto, enero 2017). Haremos un breve introducción al libro el escultor Evaristo Bellotti y un servidor.

Creo que ningún amante de la buena poesía debería perderse estos encuentros con Antonio Méndez Rubio.

Os esperamos, viernes y sábado o, al menos, uno de los dos días.

Antonio Méndez Rubio es poeta y ensayista. Sus libros de poemas fueron recogidos en los ciclos Todo en el aire (2008) y  Nada y menos (2015). Se han publicado las antologías Historia del daño (2006), Historia del cielo (2012) y Abriendo grietas (2017). En 2012 Espacio Hudson editó en Argentina Ultimátum (poemas 1991-2011), y en 2013 Vaso Roto  publicó en España y México su poemario Va verdad. Entre sus ensayos críticos destacan La apuesta invisible: cultura, globalización y crítica social (2003), La destrucción de la forma (2008), Cultura, comunicación y crisis social (2015), Comunicación musical y cultura popular (2016), Abierto por obras: ensayos sobre poética y crisis (2016) y el más reciente ¡Suban a bordo! Introducción al fascismo de baja intensidad (2017).

Su último libro de poesía es Por nada del mundo (2017).

 

Acto de presentación, “El respirar y el agujero”

Presentaciones

Presentación del poemario de José Luis De la Fuente, “El respirar y el agujero” (editorial El sastre de Apollinaire, abril de 2017),en el Centro Cultural Pablo Iglesias, en Alcobendas, . Un ambiente estupendo. Llena la sala. Un honor y un placer presentar, nuevamente, este magnífico poemario. Tiene mucho camino por delante José Luis, y un buen camino. Enhorabuena, amigo.

Dejo uno de sus poemas, como muestra de la fuerza y la tensión significante de su poesía:

“Sabías que Dios estaba tras el muro y tú seguías tirando piedras. Renegaste de tu nombre, de tu sangre, de la existencia. La culpa y el lobo aullaban en el veneno de la sombra. Malos tragos para el ciego, para el buscador de ceniza. Después de tantas lunas, lloras”.

 

Presentación, “Qué entendemos por entender la poesía” con Fernando Nombela

Presentaciones

Miércoles 14 de junio se presentó en el Centro de Arte de Alcobendas el Ensayo de Alberto Cubero: Qué entendemos por entender la poesía. La presentación corrió a cargo del poeta, Fernando Nombela.

Leandro Alonso.- “Ambos, y al final los asistentes, debatieron sobre algunas de las cuestiones que se plantean en el libro. Creo que llegamos a la conclusión de que es un libro fundamental para poetas, artistas y humanos sensibles”.

 

Fotos de Leandro Alonso

 

Qué entendemos por entender la poesía

Reseñas

CubiertaCarlos Javier González Serrano.- La poesía resulta indisociable de la actividad poética. Al contrario de lo que sucede con otros afanes humanos, en los que la teoría se escinde o puede escindirse de la práctica de muy diversas –y en ocasiones malversadoras– maneras (véase, por ejemplo, la política), en la poesía se da un extraño y original encuentro entre el creador –el poeta– y su creación. Este movimiento de ida y vuelta, en el que quien escribe abre un horizonte nuevo de sentido, es impracticable sin que medie entre ambos un limes por superar. Ya nos puso Hölderlin sobre la pista cuando definía la figura del poeta como aquel que, situado frente al Absoluto, es capaz de abordar la distancia que separa las orillas de lo finito y de lo infinito. La poesía es, pues, el lugar donde mora, donde se siente y se hace sentir el límite.

Es así como, en palabras de Derrida, “no hay poema que no se abra como una herida”, como un espacio que, lejos de tener que ser llenado, ha de ser conservado y alimentado. La poesía puja por preservar tales recovecos que el poema dona. Por eso, como apunta Alberto Cubero en los primeros compases de Qué entendemos por entender la poesía, “en el lenguaje poético no se da comunicación, sino revelación”, y facilita, asimismo, la aparición del contexto donde se produce “el encuentro del ser humano con el misterio de su existencia, de la existencia”.

La obra de Cubero resulta interesante por varias razones. En primer lugar, porque restituye la poesía como promontorio desde el que cuestionar la realidad. Un cuestionamiento que no tiene que ver con anquilosados métodos filosóficos o con farragosas técnicas lógicas, sino más bien con un destino, con una sensibilidad que se patentiza en un hacer muy determinado: la creación poética y la lectura de poesía. Como él mismo sugiere, “la poesía propone al lector un crecimiento a nivel reflexivo, una indagación del sujeto en su interior”. La poesía endereza el timón del alma y crea individuos con “criterio y corazón”, individuos “no manipulables”.

He aquí el nudo gordiano de la tesis defendida por Cubero: la poesía es, ante todo, un quehacer relacionado con lo político, con lo común, con el escenario donde tienen lugar los asuntos humanos. Algo que, a su juicio, resulta “intolerable para los poderes hegemónicos de las sociedades democráticas actuales, que sin embargo deberían favorecer el crecimiento integral de sus ciudadanos”. Y concluye con una constatación: “Es muy triste ver cómo, aún hoy en día, la poesía es denostada en los planes de estudio y en la oferta cultural institucional”.

Como puente entre lo individual y lo social, la poesía, en su faceta política, insta a crear senderos por los que deambular críticamente, invitando a habitar el mundo de forma que ninguna autoridad pueda superar el tribunal del sí mismo. La poesía evita, sostiene Cubero, que seamos sometidos “a un grado de tensión y preocupación” tal que no nos permita disponer del “espacio reflexivo y emocional necesario para crecer como seres humanos”. La poesía, como integradora del corpus artístico, permite que nos mostremos “desnudos”, en un proceso que autentifica y saca a relucir nuestras más hondas potencias en su grado más puro: es decir, en libertad.

Una libertad a la que se teme y a la que nos empujan a temer, como si de un fantasma aterrador se tratara. La poesía, lejos de amansar espíritus, los revuelve, enturbia y cuestiona, apartándonos del estado vegetativo en que nos sitúa la sociedad tecnocapitalista. Es ella la que invierte la pereza intelectual y nos impele a actuar por la obtención de un mundo mejor, más sincero, más comprometido, más poético: esto es, más creador. Y es que, escribe Cubero, uno de los objetivos fundamentales del poder es el de “acabar con la singularidad del ser humano, que sea disuelto en una masa que reproduzca al unísono los mismos enunciados, los mismos dogmas y prejuicios, las mismas palabras vacías de contenido”. Por ello se esquilman tan desaforadamente los planes de estudio de las Humanidades y las Artes, con la intención –señala un tajante Cubero– de “crear analfabetos emocionales e intelectuales” y debilitar todo “lo que contribuya a expandir la capacidad de los individuos para conmoverse, para encontrarse con lo más auténtico de ellos mismos, para reinventarse y reinventar su visión del mundo, todo lo que potencie la vertiente reflexiva y crítica de la persona”. El objetivo, a juicio del autor, no es otro que el de eliminar el saber y su origen, hasta quedar todos ciegos, desorientados, inermes.

La obra de Cubero alberga el inapreciable mérito de devolver a la poesía su faceta social. Estamos tan tristemente acostumbrados en las sociedades occidentales a delegar la fuerza decisoria del pueblo –la soberanía nacional, concepto en otro tiempo tan fundamental– en los partidos políticos de turno que la noción de participación social en lo político se nos antoja lejana y, de hecho, no hay quien duda en denunciarla como una suerte de irrupción violenta en contra del denominado sistema “democrático”, tantas veces invocado y ya acaso desgastado o caducado. Muy al contrario de lo que suele pensarse, el Romanticismo –movimiento de franca raigambre poética– siempre estuvo fuertemente comprometido con el aspecto social de la realidad. Lamartine escribía, por ejemplo, en sus Recueillements: “Luego mi corazón, insensible a sus propias miserias, / se extendió más tarde hasta los dolores de mis hermanos”. Las revoluciones trabajadoras de 1830 y 1848 agitaron con fuerza toda Europa, y los grandes estandartes de la cultura alemana, pero sobre todo los de la francesa, no dudaron en dar pábulo a las justificadas esperanzas despertadas por una nueva conciencia de grupo que se mostraba por entonces floreciente y repleta de fulgor: frente al patrón o socio capitalista nacía la figura del asalariado.

Una nueva enfermedad nos brindan los tiempos actuales, en opinión de Cubero: la del capitalismo salvaje: “a más objetos, menos relación entre los sujetos. Tanto la necesidad de objetos como la conexión que se establece con ellos se torna más peligrosa cuanto más asociada está a la sensación de poder, al goce perverso de dominación sobre los otros, a la posibilidad de tener al otro sometido”, denuncia el autor.

La libertad debe mostrarse no sólo en el arte, sino también y sobre todo en la sociedad, allí donde el verbo fundamental es el de compartir, el de con-vivir. Víctor Hugo se ganó el respeto del pueblo francés y lo consideraron como a uno de los suyos. Unos luchaban en las calles; otros, en la soledad de su cuarto, lanzaban como puñales obras que desacreditaban públicamente los desvaríos de la corona y las injusticias sufridas por gran parte de la sociedad. Un punto que Víctor Hugo comparte con el Dostoievski de Pobres gentes y con el Tolstoi más maduro, el de las Confesiones.

“La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes”, escribía Gamoneda, a quien Cubero cita al final de su libro, que se cierra con una abierta y sincera invitación a leer poesía, casi una arenga: “No tenga miedo. Sea valiente. […] La cobardía sale cara, siempre. El poema es uno de los caminos más interesantes y hermosos para abordar el conocimiento de uno mismo. Del mundo. Para que aflore lo no sabido. El misterio. Lo siniestro. Para que se dé una aproximación, en mayor o menor medida, a una verdad”.

Qué entendemos por entender la poesía encierra un coraje desbordado en lo general (por qué recuperar la poesía como objeto teórico) y en lo particular (la poesía como instrumento originariamente político), sin olvidar aspectos más filosóficos, complejos, filológicos, hermenéuticos y polémicos. Una concentrada obra que invita a trazar una genealogía de la poesía pero que, lejos de quedarse en los estrechos pasillos de la abstracción, desciende a los infiernos humanos y empuja a tomar la actividad poética como una cima desde la que ensayar un nuevo tipo de biografía: la vida poética en libertad.

Carlos Javier González Serrano

REVISTA SISTOLÁ , REVISTA DE CULTURA

Presentación, “El respirar y el agujero”

Presentaciones

CUBIERTA El respirar y el agujeroEl próximo viernes, 16 de junio, a las 19 h, en el Centro Cultural “Pablo Iglesias”, de Alcobendas, presentamos el poemario de José Luis de la Fuente, “El respirar y el agujero” (editorial El sastre de Apollinaire, abril de 2017).

En mi opinión, se trata de uno de los mejores poemarios publicados en los últimos tiempos. Sobre eso y alguna cosa más hablaremos en la presentación.

 

Os esperamos para compartir esos momentos en torno a la palabra poética con mayúsculas.

 

Presentación “Qué entendemos por entender la poesía”

Presentaciones
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Editorial Escolar y Mayo

El próximo miércoles, 14 de junio, a las 19 h, en el Centro de Arte de Alcobendas, en la sala panorámica, presentaremos el ensayo “Qué entendemos por entender la poesía” (Alberto Cubero, prólogo de Antonio Méndez Rubio, editorial Escolar y Mayo, marzo de 2017).

La presentación correrá a cargo del amigo y más que interesante poeta Fernando Nombela. Ciertamente, merece la pena escuchar la palabra de Fernando.

Nos encantará compartir esos momentos con todos vosotros. Ojalá nos encontremos allí.

Salud, poesía.

 

Charla informativa sobre los talleres

Charlas, Talleres

Imparte, Alberto Cubero

Contenido:
– Taller de Creación poética
– Taller: La idea de extrañamiento en la literatura
– Taller de Gramática

Lugar:
Librería HG , miércoles 28 de junio a las 19:30h (calle de la Fuente, 18, Collado Mediano. Tlfno: 91 859 86 77)

 

Será un encuentro interesante. Os esperamos.